Los mejores discos del flamenco de 2022

Escrito por el 30/12/2022

Quizá la mejor noticia sea que se han seguido grabando discos este 2022. Si en géneros más comerciales como el rock son a menudo proyectos de escasa rentabilidad económica, en el flamenco la mayoría parecen verdaderos ejercicios de romanticismo. Estos son, a mi juicio, los más interesantes por diversas razones que detallo. No sé, en realidad, si la de mejores es la etiqueta más acertada. Son diez y ninguno tendría el diez si los sacara a la pizarra. Hablan en su conjunto de un presente rico en estéticas. Cante, guitarra, piano, rarezas… El flamenco está como el mundo: disperso, pero siempre dispuesto a concentrarse.

La electrónica se consolida como una tendencia al alza, aunque su uso tiene resultados muy dispares. El piano camina con luz propia, la autoproducción de los cantaores mantienen vivo lo que desde hace más de un siglo agoniza sin morir y algunos maestros nos hace girar la cabeza 180 grados para indicarnos que quizá el horizonte está al otro lado. Los singles, por su parte, gobiernan en las plataformas. De todo hay y a ello vamos.

‘Tremenda: principio y origen’, La Tremendita

Media cabeza rapada, un bajo en las manos y sendos hemisferios del cerebro, más o menos al descubierto, llenos de música. Rosario La Tremendita se suma a una tendencia al alza: el uso de la electrónica dentro del flamenco. Sin embargo, lejos de colocar adornos a cantes ya definidos, crea indagando por nuevas texturas e intensidades, amén de los detalles melódicos y armónicos que enriquecen su trabajo. Por un lado, muestra los cantes sin demasiados aditivos. Por otro, esos mismos cantes elaborados desde una nueva dimensión, donde la tecnología juega un papel fundamental. Te puede repeler o encandilar, pero tiene razón de ser. Una base sólida.

De su ‘Principio y origen’ lo único que no comparto es la idea de mostrar de dónde viene para justificar dónde está, cuando en la propia música están implícitos esos detalles. Por lo demás, ha logrado una estética que a muchos puristas (¿cómo yo?) hace dudar. Además, se ha encerrado con doce guitarristas de altura para armar este novedoso discurso en el que también resignifica letras populares, como la petenera de la Niña de los Peines ‘Un mundo nuevo’, adapta poemas de la Generación Beat y muestra un fuerte compromiso social. Algunos de esos guitarristas son Rafael Riqueni, Dani de Morón, Niño Josele, Rycardo Moreno y Juan Requena. Un clásico del jondopunk al que ha dado pie.

‘Identidad’, Dorantes

David Dorantes abandona lo coral de su anterior proyecto, en el que le puso música a las estelas de Magallanes y Elcano, para navegar por las teclas en completo intimismo. Ha estado dos años improvisando por diferentes escenarios. Él solo, sin más compañía que la de su piano. En otoño de 2022 grabó en directo desde la Fundación Cajasol de Sevilla el resultado de este periplo que viaja por la sangre y la memoria. Sus referentes clásicos, Béla Bartók, Stravinski, Elliott Carter…, se topan con los jondos por las yemas de sus dedos. Así en ‘Corredera’, que hace alusión a una calle de Lebrija, la seguirilla ‘El paso’, las alegrías ‘La puerta’ o la nueva versión de ‘Orobroy’ uno puede encontrarse reminiscencias romaníes entre los ecos de familiares como El Lebrijano y La Perrata, su abuela. Esta identidad no busca formas figurativas, sino atmósferas. Se nutre de todo y lo destila en una pieza esencial en la discografía de un tipo que ha cambiado el piano flamenco contemporáneo. El contenido está muy por encima de la portada.

‘La raíz de mi cante’, Nano de Jérez

Un disco de cante. Sin más, y casi el único del año. El Nano de Jerez reivindica la bulería corta que aprendió en la fragua de su padre, donde Antonio Mairena a menudo les visitaba. Reivindica el soniquete revestido de fatiga, la parquedad del verbo. Una seguirilla mortecina, fandangos agujeteros, luces rotas. Su generación, de unos años a esta parte, se ha desdibujado de las programaciones. Sin embargo, él goza aún de las facultades precisas para servir de guía a los que vienen atrás en un recital sin demasiadas pretensiones junto a Manolo Franco. Alegrías, cuplés, una soleá por bulería anunciadora en la que se retira el aspaviento para dejar en primer plano la expresión… Nano de Jerez siempre ha sido más que un excelente festero, y aquí lo demuestra. Si hace cuarenta años las estrellas le ensombrecían, en el panorama actual ha quedado como uno de los últimos mohicanos de esta música. La mayoría de los programadores de España y Europa no lo saben: o quizá no les gusta el cante flamenco.

‘McCadden Place en vivo desde Córdoba’, José Antonio Rodríguez

José Antonio Rodríguez es un maestro de la composición. Desde la pacífica orilla en la que reside, California, publicó en 2019 ‘McCadden Place’. Esta nueva aventura es la interpretación en directo de esos temas en su tierra natal: Córdoba. Entre idas y vueltas, recorre paisajes sonoros y sentimentales, enarbolando un proyecto de guitarra flamenca encontrada con otros géneros como el rap, el pop y lo étnico que podría resultar amable a cualquier oído. Su lenguaje, en este sentido, presume de universalidad. La rumba ‘Paisaje’ es un himno que durante años rehuyó registrar. ‘Isabella’ está compuesta desde el corazón de Los Ángeles. Y a eso suena: a cine jondo. A lejanía temporal y distancia física. Reencontrar con el público cordobés las composiciones que ideó en suelo estadounidense es un ejercicio de poesía. Por eso la cueva de la soleá ‘Guadalcázar’ transporta con aspereza a la niñez. ‘Sunset Boulevard’ se hace bulería. ‘El Cabo de la Vela’, guajira. Y así va coloreando los vértices de una noche memorable.

‘Maestros del arte clásico flamenco’, Alejandro Hurtado

Siempre me he preguntado por qué esto no se hace más: grabar piezas de guitarra de concierto de la primera mitad del siglo XX con los sistemas de hoy. Alejandro Hurtado respeta la melodía, armonía, tempo y compás con el que fueron ideadas, pero la calidad del sonido nos permite paladear de una forma única su brillantez técnica, con la austeridad propia de la época a la que emula. Interpreta diez composiciones. Cinco de Ramón Montoya, entre ellas su rondeña y su farruca, y otras cinco de Manolo de Huelva, uno de los padres de la bulería contemporánea. De este modo, se marcha a los cimientos del toque flamenco de concierto que heredaron genios como Paco de Lucía. El joven Hurtado, cabe mencionar, ha sido el acompañante de Mayte Martín durante años. Su toque rezuma una fragilidad y delicadeza que como manchas de aceite se van extendiendo por el mástil.

‘Dukkha’, Ezequiel Benítez

Gracias a artistas con el compromiso de Ezequiel Benítez el cante flamenco no está herido de muerte. El jerezano canta, compone y autoproduce, así, a pesar de su juventud, cuenta ya con una discografía que se desarrolla en siete álbumes y un buen número de colaboraciones. ‘Dukkha’, que llega después de la trilogía ‘Quimeras del tiempo’, respira entre ausencias: la de su hermano y la de su padre, Alfredo Benítez, uno de los mayores conocedores del flamenco de Jerez, son dos de ellas. Ezequiel Benítez se expresa entonces entre cipreses. Tiene álbumes inteligentes, que combinan palos amables con desgarros que no se exceden en el tiempo, por eso siempre se lo sugiero a los que se inician por los lares jondos. Sus formas son arcaicas, y hacen volar y lloran y ríen y bajan de nuevo a jugar a morir y no mueren. Tiene más gusto que facultad. ‘Dukkha’, en sánscrito, significa dolor. El suyo, en las nanas, las soleares trianeras, los fandangos y la excelsa malagueña-granaína que culmina con el estilo del Mellizo en compás abandolao también derrocha miel. Camina con la pena cabal de la alegría por el pentagrama.

‘Tres golpes’, Tomás de Perrate

El más bizarro de los álbumes que se recogen en esta lista. Tomás de Perrate ha recreado el flamenco como si fuera un gitano en el Siglo de Oro que desconoce lo que ha sucedido desde entonces en adelante. Contiene dos partes bien diferenciadas. Por un lado, su ortodoxia, que a través de la seguirilla, las bulerías y la soleá recuerdan el sello inconfundible de su casa utrerana. El resto son aventuras con resultados desiguales. Busca una atmósfera funesta en la toná de Jacinto Almadén, canta la folía una octava por debajo de su tono natural, arrastrando los graves por un subsuelo cavernario, adapta un poema dadaísta… Sus ‘Tres golpes’, donde la percusión toma protagonismo, las seguidillas mitológicas de Alosno y la chacona son tres hallazgos interesantes. Raúl Refree rompe más que innova (una guitarra de estética similar, pero de mucha más envergadura y conocimiento, sería la de Canito) mientras que Pedro G. Romero, director musical, tiene un imaginario caótico del que a veces, solo a veces, se puede sacar provecho. He disfrutado, sin embargo, algunos de los puntos de este extraño viaje. No todos.

‘Flamencos: Falla, Granados, Albéniz’ Rocío Márquez

Este álbum no es flamenco, pero sí se nutre de él para interpretar en directo desde la Fundación Juan March piezas del nacionalismo musical de Falla, Albéniz, Granados y, en menor medida, Joaquín Turina. Así escuchamos la salida del fandango de Manuel Vallejo en las ‘Goyescas’ y una debla de Naranjito de Triana en ‘Los tormentos de la muerte’, donde Tomás Pavón y Albéniz comparten espacio. Las variaciones rítmicas y armónicas, la exactitud en la afinación, la forma de modular fragmentando las escalas, la colocación de la voz en diferentes planos, su dicción perfecta, el paladeo del texto como si de dramaturgia se tratase y otros tantos atributos hacen de este recital un excelso mosaico de virtudes junto al piano de Rosa Torres-Pardo.

‘Tamiris’, de Paco Escobar

Paco Escobar es profesor universitario en materia de Literatura. También guitarrista. Es, en realidad, un estudioso del género. Aquí invoca a Tamiris, quien en la ‘Ilíada’ de Homero desafía a las musas. Lo hace con un sinfín de colaboraciones dispares para abordar el espacio mitológico desde diferentes prismas. Si Rocío Márquez representa la ternura, el lamento cadencioso de Inés Bacán se localiza en las antípodas. Márquez El Zapatero, David Lagos, Ezequiel Benítez, María Marín, Esperanza Fernandez y otros tantos participan. La aparición de esta última, sin duda, alcanza uno de los cenits del disco en ‘Oscura voz helada’. Poesía, filosofía y música han vuelto a quedar prendadas.

‘Anclé mi alma’ José de los Camarones

Juglar, marisquero, pregonero de cangrejos, religioso, extoxicómano, modelo de Gucci, salvaje y místico, José de los Camarones ha grabado para la serie Gong de los Pelayo. Y el disco, en alguna de sus piezas, parece de mayor interés que el propio cante del jerezano, que interpreta los textos con reaños, superponiendo el sentimiento a lo estrictamente musical: afinación, compás, armonía. Canta con el pecho y las manos. Pero canta, sobre todo, envuelto en un caparazón altamente atractivo, el que propone la producción ecléctica que reúne ideas de Josema Pelayo, Gonzalo García-Pelayo, Chipi, el propio intérprete y otros tantos. La creación de atmósferas con la guitarra eléctrica se contrapone a la ortodoxia y genera efectos. ‘Diálogos con Teresa’, de Pablo Neruda, es la canción que ha calado más hondo en la fibra. Las palabras se quiebran junto a la voz de Alicia Jiménez, de estilo mucho más frágil. Se mancha la conversación de rocío y de madera, de un sentimentalismo medido que brota de la propia herida. En el mejunje del amor con la impaciencia encuentra José su estado natural. Este álbum es un mosaico de debilidades. En su imperfección está la música.

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